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Se llenaba con el mosto de la primera"
pisá", que es el que encierra la salsa de la uva.
El vino era clarete, como gustaba a los macoteranos, delgado,
espumoso, tenía agujas que saltaban a los ojos y saciaban
las ansias de los más delicados paladares.
La cuba se estrenaba el día de la Virgen. El encargado
de vender el vino era el abuelo Pondera, quien percibía
un real por cántaro. Se vendía en pucheros y
su importe se pagaba en calderilla, que el abuelo pondera
introducía en la ranura de un arcón bien cerrado
que había para este menester al lado de la Cuba.
Las pandas se sentaban en la calle y el recaudador de la cuadrilla
bajaba a buscar el puchero.
Solía animar el trago una buena ensalada de pimientos
de cuerno de cabra y las porfías y los comentarios
curiosos.
La cuba de San Roque solía durar dos días, 14
y 15 de agosto. Era famosa en toda la comarca. Muchos procuraban
abastecerse del espumoso vino. Cuando se agotaba se reponía
por la noche. Los vinos de Macotera no podían competir
con los de la cuba de San Roque que como hemos dicho se hacía
con uva de la Llaná.
La última vez que se llenó la cuba fue en 1956.
LAS PEÑAS
En la excelsa y honrada villa de Macotera
nos encontramos con rótulos en las puertas, bodegas
y pajares: El Cencerro, Mexicana, San Roque, Peretes, Potaguatomis,
Nomos, los Charros, el Bombo... son LAS PEÑAS.
No es una invención moderna, ni la podemos atribuir
a ésta o a aquella persona. La semilla se guarda nada
menos que desde 1727, como una tumba faraónica y surgió
de nuevo alrededor de 1960, después de haber estado
medio muerta más de 200 años.
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