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Se reunían en las interminables
noches de invierno, a la luz de las parpadeantes velas, candiles
y faroles, y el calor de los flameantes troncos de encinas
en los pajares y tenadas donde estuvieran a sus anchas, con
amplia libertad y así, entre asar y comer bellotas
y castañas, contaban chistes con el ardor del vino
y el calor de la lumbre. Así surgieron nuestras peñas,
de estas reuniones en pajares y toneladas.
Un ingrediente más de nuestras fiestas donde la invitación
es segura y se conoce la cordialidad macoterana.
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