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Quizás
la abundancia de fuentes que los pobladores encontraron en Macotera
hizo que no se plantearan la necesidad de tener cerca el abastecimiento
de un bien tan insustituible como es el agua.
Macotera está asentada en un cruce de caminos. El eje
viario que surge influye en la distribución de la trama
urbana que empieza y condicionará su desarrollo posterior.
Pertenece Macotera al tipo de núcleo agrícola
de las campiñas del sur del Duero, continuo y con un
viario configurado, hacía el que recae las edificaciones
principales dispuestas hacia el exterior. Los corrales quedan
ubicados al fondo de las parcelas.
Los edificios son de dos alturas con vivienda en la planta baja.
El trazado urbano es elevadamente irregular en torno a las calles
rectilíneas, con manzanas de grandes dimensiones.
En cuanto a su integración en el paisaje, destaca la
imagen plana de la villa sobre la ladera, sobresaliendo únicamente
la torre de la iglesia, el silo y la fábrica de harinas.
Existían calles, de borde, abiertas con abundancia de
tapias y puertas. Algunas calles se abrían hacia grandes
espacios, lo que daba lugar a una integración en el medio
natural de una manera espontánea, articulando zonas de
transición entre el núcleo urbano y el campo,
como la Plaza de la Leña o las eras. Todo ésto
se ha perdido en estos últimos años en los que
han avanzado las nuevas edificaciones sobre los corrales y eras.
En 1861 la Reina Isabel II le concede el título de Villa,
seguramente por el auge que había adquirido en los quehaceres
comerciales de la lana y la fabricación textil. El gran
cambio en la morfología de la villa surge a partir de
los años 40 y 50. Se pasa se pasa de unas casas con rasgos
típicos de la arquitectura popular a técnicas
más modernas, imponiendo materiales de tipo industrial
y abandonando las antiguas formas de construcción.
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